Torre de Tronquedo - Torre de Andrín

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Descripción

Interesante conjunto recogido en el Inventario de Patrimonio Arquitectónico de Asturias.

La torre de Tronquedo o torre de Andrín está considerada una edificación bajomedieval, fechable en los siglos XIV-XV. Sobre la misma no se haya referencia alguna en la documentación medieval, circunstancia que impide datar con exactitud la época de su construcción. Son así las características formales de la misma, las que apuntan la cronología tardomedieval de la misma.

En palabras del medievalista J. I. Ruiz de la Peña, la torre de Tronquedo es «un ejemplar típico de torre señorial rural que responde en su concepción y desarrollo a un modelo constructivo muy difundido en la Asturias bajomedieval».

La construcción de la torre habría que encuadrarla en las luchas de bandos protagonizadas por los linajes nobiliarios en Asturias durante la baja Edad Media. En este sentido, la torre, que fue propiedad de la poderosa casa local de los Duques de Estrada, habría servido a este linaje como baluarte defensivo -desde su estratégico emplazamiento se domina todo el valle llanisco de Mijares- y centro de control y almacenamiento de las rentas señoriales.

Tras la pérdida de sus iniciales funciones, se produjo el paulatino derrumbe de la torre y su ocultamiento bajo la vegetación. En las últimas décadas, la labor de denuncia de su estado de abandono y ruina propiciaron los trabajos de limpieza y consolidación llevados a cabo en la misma a comienzos de los años 90.

Pasando al terreno arquitectónico, la torre tiene planta cuadrada. Se conserva el primer piso y parte del segundo. Como materiales constructivos presenta mampostería caliza en los paramentos, con mucha argamasa de cal y arena y sillares labrados en los remates de las esquinas y los enmarques de los vanos. Sus muros, de escaso grosor, no superan los 0,85 metros, lo que parece descartar la posibilidad de que la torre, a semejanza de otros ejemplos asturianos, tuviera una tercera planta. La piedra empleada en su construcción bien pudo haber sido sacada del cueto calizo que se localiza frente a la fachada sur de la torre, detrás del muro de mampostería que cierra la finca de la torre. Este cueto está fragmentado, mostrando una zanja delantera -cubierta de vegetación y maleza-, a modo de foso defensivo, carácter en el que abunda el propio emplazamiento del foso, situado frente a la puerta de ingreso de la torre, que se abre en la fachada sur. Este foso vendría a paliar la vulnerabilidad que presenta la torre en este flanco y que, en realidad, afecta a todas sus fachadas, salvo la cara norte, situada sobre pendientes crestones calizos.

En la fachada norte de la torre, la mejor conservada, se superponen tres pisos de ventanas. El más bajo está formado por tres saeteras. Sobre éste se dispone una tronera -pequeña ventana adintelada-, desplazada hacia el este, del lienzo, que ocupa una posición intermedia entre la saetera central y la situada a su derecha en la primera altura de vanos. El último piso recibe los vanos mayores: Dos ventanas de arco de medio punto monolítico, una en posición central y la otra alineada con la saetera de la planta baja situada hacia el oeste. Estas ventanas forman pequeñas cortejadoras al interior.

Estos vanos en arco de medio punto aparecen también en el tercer piso del lienzo este de la torre, donde hay tres ventanas, una de las cuales tan sólo conserva una jamba y el alféizar. Las dos alturas de vanos inferiores se resuelven con sendas saeteras, entre las que no hay correspondencia espacial. Otras dos saeteras son visibles en la planta baja del fragmento de paramento que se mantiene en pie en la fachada oeste.

Por su parte, la fachada sur acoge la puerta de ingreso. Desplazada hacia el oeste, está levantada sobre el nivel del suelo exterior y da acceso directo a la primera planta de la torre, rasgo que la diferencia del sistema tradicional de ingreso empleado en las torres rurales asturianas, a través de la segunda planta, y la acerca, por el contrario, a las torres urbanas, con entrada desde la calle. Es de arco apuntado, con dovelaje de sillares bien escuadrados. A su derecha se abre una saetera, sobre la que hay una ventanita de arco apuntado monolítico, de labra más tosca que las restantes de igual tipología. Su situación, a una distancia considerable de nivel del suelo interior, hace pensar en la existencia en esta parte de una escalera interior.

Delimitación del entorno de la torre de Tronquedo, Andrín

La delimitación del entorno de protección de la torre de Tronquedo es la siguiente: Al norte, comienza en el vértice noroccidental de la parce la 282 a del polígono 41 y sigue por el costado septentrional de las par celas 282 a, 282 b, 282 c, 282 d y, cruzando el camino de acceso a la torre, continúa por el lado norte de las parcelas 7, 29 y 30 del mismo polígono. Al este, desde el vértice nororiental de la parcela 30 del polígono 41, bordea el flanco oriental de las parcelas 30, 27, 24 a, 24 b y 32 del mismo polígono, desde donde gira con dirección oeste y recorre el lado meridional de las parcelas 32, 34, 39 y 280 del polígono 41; punto en el que la línea se quiebra y toma dirección norte, recorriendo el lateral occidental de las parcelas 280, 281 y 282 a del polígono 41, para llegar al ángulo noroccidental de esa última parcela; lugar donde se inició esta descripción literal de la delimitación del entorno de la torre de Tronquedo en Andrín.

Para la descripción del entorno se ha utilizado los levantamientos del catastro de rústica de Llanes, hojas 152 b y 153 c, escala 1:2.000 aproximadamente, correspondientes al año 1956.

Ficha técnica

Situación

La Torre de Tronquedo se encuentra en la localidad de Andrín, perteneciente al término municipal de Llanes, provincia de Asturias.

Historia

Aunque no se encontrado ninguna referencia documental medieval sobre esta torre, se considera una edificación bajomedieval fechable en los siglos XIV-XV, cuya construcción habría que encuadrar en las luchas de bandos protagonizadas por los linajes nobiliarios en Asturias durante la baja Edad Media, siendo baluarte defensivo y centro de control y almacenamiento de las rentas del linaje de los duques de Estrada.

Tras perder su función defensiva, la torre fue arruinándose hasta su derrumbe. A comienzos de la década de los 90 del pasado siglo XX la torre fue consolidada y limpiada de la vegetación que la cubría.

Descripción

La torre es de planta cuadrada y conserva el primer piso y parte del segundo. Sus muros son de escaso grosor, no superando los 0,85 metros.

La puerta de entrada a la torre se encuentra sobre el mismo nivel del suelo, pero da acceso directo a la primera planta, sistema generalmente empleado en las torres urbanas asturianas.

Frente a la puerta de acceso hay un foso defensivo excavado, del que podría haber salido la piedra empleada en la construcción de la torre. Este foso defiende también los flancos este y oeste, quedando el lado norte sobre pendientes crestones calizos.

La fachada norte es la mejor conservada. La torre cuenta con vanos a diferentes alturas, saeteras y troneras en los niveles inferiores y ventanas en los superiores.

Protección

Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Dirección

Dirección postal: 33596 Torre de Tronquedo. Llanes.

Dirección digital: 8CMP8WW7+WH

 

Información complementaria

 

Historia de Llanes


 

Llanes es tierra de sugestiva historia, muy bien estudiada.

El hombre prehistórico dejó útiles y grabados, importantes vestigios de su hábitat en gran número de cuevas del concejo, como Balmori, La Riera, Arnero, Trescalabres, Cuetu de La Mina y Cuetu de Lledías, especialmente en el área de Posada y de Balmori.

Una cueva próxima a Posada (a unos 300 m de la gasolinera de La Vega), bautizada como Tempranas, totalmente sellada hasta ahora y descubierta casualmente en los primeros meses del año 2001, es el último hallazgo prehistórico, que podría encuadrarse en el Paleolítico Superior.

En su interior conserva pisadas humanas, restos fósiles de animales, concheros de mariscos (restos de lapas, bígaros, oricios...) y un gran panel con grabados digitales de líneas y puntos «macarrones» parecidos a los de Altamira.

Para los entendidos, el descubrimiento es sumamente interesante por lo raro que resulta hallar huellas humanas de tal antigüedad y la escasez de cuevas que las conservan.

La gruta tiene 300 metros de galerías en dos niveles, con salas de estalactitas y estalagmitas de casi 3 m de altura y otros espacios de difícil tránsito.

Del periodo Asturiense, cultura pospaleolítica así bautizada por el conde de la Vega del Sella, destacan las cuevas de El Penicial en Nueva y La Riera en Bricia, así como las manifestaciones características de esta etapa: los concheros, grandes acumulaciones de conchas u otros restos alimenticios en las entradas de las cuevas.

Cerca de ellos es frecuente hallar el llamado pico asturiense, tosco utensilio de cuarcita provisto de aguda punta que servía para recolectar los moluscos de las rocas y provocar la rotura de sus caparazones.

El Neolítico, o edad de piedra pulimentada, donde hacen su aparición la ganadería y la agricultura, aporta otras novedades, como las cerámicas, los túmulos (enterramientos) de la sierra plana de La Borbolla, y, en un peñasco prominente del extremo noroccidental de la misma, muy cercano a Puertas de Vidiago, el famoso Ídolo de Peña Tú, declarado Monumento Nacional en 1924, única muestra del Norte de España en pinturas y grabados prehistóricos en el exterior.

Se trata de un gran bloque de piedra caliza esculpido por la erosión sobre el que se grabaron y pintaron esquemáticamente de rojo, hoy muy desvaído, un extraño individuo, quizás un hombre notable, y, a su izquierda, un puñal o espada corta.

A esta composición principal se suma, en el mismo color, primeramente, un grupo de antropomorfos, uno de los cuales, el más extremo, porta un bastón; luego, series de puntos y, por último, unas cabras.

El conjunto de Peña Tú, fechado en torno al año 1500 antes de Cristo, es un monumento de probable carácter funerario.

Una verja protege esta estación rupestre, visitable todos los días del año, a la que se llega tras una marcha de unos 25 minutos por un camino ascendente desde la carretera general.

Ocupado en época romana por la tribu cántabra de los orgenomescos, en territorio llanisco no se ha localizado castro o pueblo fortificado alguno, ni ningún otro vestigio de interés correspondiente al periodo de la conquista llevada a cabo por los romanos entre el 27 y el 19 antes de Cristo.

Sin embargo, la romanización local ha legado testimonios epigráficos en la lápida dedicada a los dioses Manes, hallada en Lledías, y la estela de Acuana, descubierta en Torrevega, ambas alusivas a los orgenomescos.

Una vez conquistado el territorio asturiano de los cántabros, Llanes pasó a pertenecer, administrativamente, al Conventus Cluniense, con capital en Clunia, hoy Coruña del Conde en Burgos.

La Edad Media es un periodo insuficientemente conocido en estas tierras, dada la escasez de fuentes escritas.

Desde el s. XI y hasta el siglo XIII, el concejo de Llanes formaba el llamado territorio de Aguilar; con centro administrativo y militar en el castillo de Soberrón, documentado ya en el año 1032, abarcaba, de este a oeste, los valles de Pendueles, Mijares, Celorio, Valdellera (Posada), San Jorge y Ardisana.

En el siglo XII se levantaron dos monasterios benedictinos: San Salvador de Celorio y el de San Antolín de Bedón, el primero fundado a principios de esa centuria por Alfonso Suárez y doña Cristilde, matrimonio perteneciente a la pequeña nobleza local, mientras el nacimiento del segundo, del que ya se tienen noticias en dicho siglo, está poco claro al haber sufrido la pérdida de su documentación.

Ambos monasterios, aparte de la consabida función religiosa, desarrollaron una importante labor colonizadora y repobladora al poner en explotación sus propiedades agrarias.

Pero de mayor relevancia aún fue la fundación de la villa de Llanes, sobre un lugar no habitado anteriormente, a la que, tal vez en 1228, el rey leonés Alfonso IX (1188-1230) le otorga una carta de población o carta puebla; no obstante, la populatione de Llanes aparece citada ya en un texto del año 1225.

Hacia 1270, Alfonso X (1252-1284) aumenta sus derechos con la concesión del Fuero de Benavente, confirmado definitivamente en 1333 por Alfonso XI.

Ya en esos momentos hacía gala de su condición de centro comercial del oriente asturiano y activo puerto pesquero.

Enseguida contó con muralla; un gran iglesia, intramuros: la parroquial de Santa María de Concejo de Llanes; el hospital de peregrinos de San Roque, fundación benéfico-asistencial, fuera del recinto amurallado; así como varios mercados.

Sin embargo, el progreso de Llanes lo sostuvo su puerto, siendo la pesca y el comercio marítimo, favorecido por la ruta costera del Camino de Santiago, actividades claves en el crecimiento económico de Llanes.

El puerto llanisco fue beneficiado, en 1338, con la concesión de un alfolí o almacén de sal.

El concejo y la capital no pudieron sustraerse de modo alguno a las disputas dinásticas y señoriales acaecidas durante la Baja Edad Media (s. XIII y XIV).

Contraviniéndose con ello el Fuero municipal, Llanes hubo de pasar a formar parte del señorío jurisdiccional de Rodrigo Álvarez de las Asturias, señor de Noreña, como premio a su fidelidad real.

Una vez fallecido éste, lo heredará Enrique de Trastámara.

Más tarde, a partir de 1440 se hacen con él los Quiñones, por donación de Juan II de Castilla, hasta que los Reyes Católicos lo incorporan a la Corona y le confirman su fuero en 1481.

En las postrimerías del siglo XV la actividad comercial parece estar restablecida.

La época dorada se da en el siglo XVI; hay una especialización en la caza de la ballena, desplazándose los pesqueros llaniscos con frecuencia a los caladeros del Gran Sol.

La villa de Llanes, que había sufrido dos importantes incendios, uno en 1480 y otro en 1509, recibió, en 1517 y con las secuelas aún visibles del último de ellos, la visita del rey Carlos I, tras desembarcar en Villaviciosa, en lo que suponía su primer encuentro con España, y de camino a Castilla por el puerto de la Palombera, en Cantabria.

Los historiadores José Ramón Martínez Rivas, Rogelio García Carbajosa y Secundino Estrada Luis, en su riguroso estudio sobre la participación asturiana en el descubrimiento, conquista y colonización de América (1492-1599), aportan datos novedosos acerca de la emigración llanisca al Nuevo Continente en ese periodo.

Entre la emigración y el desarrollo existe una relación directa; el desequilibrio que se da en Asturias entre el número de habitantes y los recursos durante el siglo XVI se resolvió con la marcha a Madrid, Sevilla, América, etc., constante que no desaparecerá en los siglos venideros.

Aunque existe otro tipo de causas, como las espirituales, el deseo de fama y aventura o cierta curiosidad, es el factor económico el que explica el proceso emigratorio.

De los aproximadamente 1.115 asturianos que se embarcaron en la empresa americana, que cruzaron, por una u otra causa, el Atlántico entre 1493 y 1599, huyendo de una tierra pobre (Asturias: las Indias de España), que no ofrece nada, en su afanosa búsqueda por mejorar la propia condición social, unas 41 personas eran de Llanes.

Su villa y las del resto de la costa asturiana —y sobre todas ellas, la de Avilés—, con la aportación de unos 427 emigrantes (un 38,2% del total), ponen de manifiesto las importantes diferencias existentes entre la marina y los valles del interior.

Las zonas del interior, salvo excepciones, y de montaña son más pobres, proporcionan menos emigrantes; no se tiene dinero ni para pagar el billete a América.

«En el siglo XVII —afirma Ramón Sordo Sotres— entra en decadencia la pesca de las ballenas y con ello el puerto de Llanes ve disminuir su capacidad económica, aunque dada su situación estratégica la villa no pierde su papel central en la comarca, status favorecido por la llegada del ferrocarril en 1905».

La guerra de la Independencia tuvo desgraciadas consecuencias para el concejo, donde se libró el 25 de enero de 1810 la importante batalla del río Purón, que supuso la rotura de la línea defensiva asturiana en él establecida por el general Llano Ponte, con la consiguiente ocupación del oriente y centro de Asturias por las tropas napoleónicas, responsables de distintos abusos perpetrados en el municipio.

En el trienio liberal, efímero paréntesis constitucional entre 1820 y 1823 durante el absolutista reinado de Fernando VII, varias parroquias del concejo —San Antolín de Naves, San Jorge de Nueva y San Pedro de Vibaño— formaron ayuntamientos independientes.

En el transcurso de las guerras carlistas, algunas partidas de éstos irrumpieron en la villa de Llanes.

Estalló la guerra civil en 1936 y las brigadas navarras penetraron en el concejo y tomaron Llanes el 5 de septiembre de 1937, año en que «se libraron importantes batallas en las cumbres del monte llanisco pues contra toda lógica militar la plana mayor del bando nacional ordenó a sus brigadas navarras el avance por lo más enriscado.

Finalmente, las tropas republicanas fueron derrotadas y el concejo, mayoritariamente de derechas, quedó en manos de Franco» (Ramón Sordo Sotres), distinguiéndose en la oposición contra el impuesto régimen Horacio Fernández Inguanzo, el Paisano, natural de Llanes, maestro de profesión, miembro del Partido Comunista de España desde 1936 y diputado nacional por Asturias.

Hombres ilustres

Muchas han sido las personas, naturales o asentadas en el concejo, sobresalientes en los campos de la política, la milicia, o las artes y las letras, entre las que conviene acordarse de:

Juan de Llanes.

En la emigración llanisca a Ultramar, aunque no significativa a cuanto a número, merece la pena detenerse, en esta ocasión extensamente, para dar a conocer los grandes méritos, en gran medida desvelados por el anteriormente citado trabajo de los historiadores J. R. Martínez Rivas, S. Estrada Luis y R. García Carbajosa, de este explorador y conquistador nacido en la capital del concejo, quien durante la primera mitad del siglo XVI tomó parte en diversos y trascendentales descubrimientos como el haber navegado por todo el Amazonas en compañía del capitán Francisco de Orellana, siendo de los primeros en cruzar todo el continente sudamericano por su parte más ancha.

Como otros muchos españoles, Juan de Llanes emigró al Nuevo Mundo en busca de aventuras, fáciles riquezas y fama.

Como él mismo declara en la información de servicios que presentó al rey para conseguir mercedes, pasó al Perú hacia el año 1534, poco después de que Francisco Pizarro entrase en Cajamarca.

Al poco de llegar, el llanisco partió con el capitán Gonzalo de Olmos al reino de Quito para someter a los indígenas del golfo de Carazque que meses atrás habían arrasado la localidad de Pueblo Viejo.

Sobre estas ruinas, los hombres de Olmos fundaron en 1535 una nueva población que llamaron Villanueva de Pueblo Viejo.

En los tres años siguientes Perú se vio alterado por la rebelión masiva de los incas contra el dominio español y por las posteriores rivalidades entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro por el control de la ciudad de Cuzco.

Cuando se produjeron estos sucesos, el capitán Gonzalo de Olmos, Juan de Llanes, Francisco de Orellana y los demás componentes de la expedición se hallaban aún en Villanueva de Puerto Viejo.

Aunque Juan de Llanes nada dice sobre si tomó parte en estos acontecimientos —en la declaración que hizo omitió algunas de las acciones en que intervino—, creen los historiadores citados anteriormente que debió de participar en ellos ya que, al producirse el levantamiento de los indígenas peruanos, el capitán Olmos salió con sus hombres de Puerto Viejo para socorrer a las ciudades de Lima y Cuzco, sitiadas por miles de incas.

Reducidos éstos, Gonzalo de Olmos regresó con su hueste a Puerto Viejo, de donde salió de nuevo para ayudar a Francisco Pizarro contra Diego de Almagro y sus partidarios.

Después de la batalla de las Salinas (26 de abril de 1538), donde los almagristas fueron vencidos, Francisco de Pizarro hizo un nuevo reparto de la tierra, nombrando a Francisco de Orellana gobernador de la provincia de la Culata con el encargo expreso de que fundase allí una ciudad.

Reuniendo a viejos compañeros de aventuras, como a Juan de Llanes, Francisco de Orellana emprendió la conquista de aquella región situada en torno al golfo de Guayaquil.

Aunque el ejército español era bastante reducido, consiguió, no obstante, someter a los belicosos aborígenes que años atrás ya habían destruido por dos veces la ciudad de Guayaquil.

El 25 de julio de 1538, el capitán Orellana, en presencia de sus hombres, fundó la nueva ciudad de Santiago de Guayaquil y, acto seguido, repartió los solares entre sus soldados.

Poco después, Juan de Llanes entró también a descubrir con dicho capitán la provincia de las Esmeraldas, región ubicada al noroeste de Quito.

En todas estas expediciones, el asturiano, como dice el capitán Álvaro de Paz, compañero suyo, «sirvió en el como buen soldado, sin socorro ni ayuda de costa, sino á su propia costa é misión».

Concluidas estas empresas, Juan de Llanes se trasladó a Quito, de donde salió a finales de febrero de 1541 para ir con Gonzalo Pizarro a la conquista de los países de la Canela y Eldorado.

En el río Napo, entre el Aguarico y el Curaray, el llanisco se embarcó en el bergantín San Pedro, construido semanas antes en la misma selva, y junto con el capitán Orellana y otros hombres se lanzó el 27 de diciembre de 1541 río abajo en busca de vituallas.

Atrás quedaron Gonzalo Pizarro y el resto de los españoles e indios.

Pero el bergantín nunca regresaría.

La fuerte corriente del Napo y luego la del Amazonas se lo impidió, al decir de la mayoría de sus tripulantes.

Luego de navegar a lo largo prácticamente de todo el Amazonas en un viaje sin precedentes, Juan de Llanes salió al Atlántico y con los demás supervivientes se dirigió a la isla Margarita, enfrente de las costas venezolanas, desde donde, tras un merecido descanso, regresó a Quito vía Panamá.

Meses después, Perú se vio convulsionado por la rebelión de Gonzalo Pizarro contra la promulgación de las Leyes Nuevas, que entre otras cosas prohibían la esclavitud de los indios.

Para hacer cumplir estas leyes, Carlos V nombró virrey del Perú a Blasco Núñez Vela, quien en marzo de 1544 desembarcó en Túmbez, donde empezó a reclutar hombres.

Tomando partido por la causa realista, Juan de Llanes acompañó al virrey hasta la ciudad de Lima.

Pero éste poco pudo hacer frente a la superior fuerza de Gonzalo Pizarro y sus partidarios.

Vencido y muerto Núñez Vela en la batalla de Añaquito (18 de enero de 1545), la Corona española envió entonces al licenciado Pedro de la Gasca con plenos poderes para terminar de una vez con la rebelión pizarrista.

Nada más conocer que La Gasca venía en nombre del rey a pacificar al Perú, Juan de Llanes fue uno de los soldados que se les unieron y junto a él se dirigió al valle de Jaquijahuana, a 20 km de Cuzco, «donde se dio la batalla al dicho Gonzalo Pizarro por el dicho licenciado Gasca é su gente, donde fué muerto é desbaratado el dicho Gonzalo Pizarro y sus secuaces, é hizo justicia de ellos —recuerda Pedro Domínguez, testigo presencial—, y en dicha batalla se halló en servicio a Su Majestad el dicho Juan de Llanes, é sirvió á su costa y misión con sus armas é caballo, como buen soldado».

Restablecida la paz, el asturiano regresó a la ciudad de Quito, de donde salió para ir con el corregidor Antonio de Oznayo a la conquista y pacificación de Lita, Quilca y Caguaqui, pueblos de los términos de aquella ciudad, empresa en la que el llanisco llevó a su costa dos soldados para que sirviesen también en esta campaña.

Más tarde, cuando en 1553 se produjo la insurrección de Hernando Girón contra la Audiencia de Lima, Juan de Llanes fue nombrado por el corregidor de Quito jefe de una partida de hombres armados para que pasase al pueblo de Chimbo a defender el paso allí existente.

Casado en Quito con una viuda que aportó al matrimonio el repartimiento de indios que tuviera su primer matrimonio, Juan de Llanes se avecindó definitivamente en esta ciudad.

En el año 1564 era miembro del Cabildo de Quito, ciudad de la cual fue alcalde ordinario y regidor.

«He servido á Vuestra Alteza en otras cosas que se han ofrecido de vuestro real servicio con mis armas y caballos y criados —declara el mismo Juan de Llanes en su Información de servicios—, todo á mi costa y misión, donde he gastado mucha suma de pesos de oro sin habérseme dado ninguna cosa de vuestra real hacienda, y sin haber deservido á Vuestra Alteza en ninguna de las cosas acaescidas en este reino contra vuestro real servicio; y hasta agora no he sido remunerado ni gratificado de mis servicios.» Hallándose pobre, viejo y con hijos, el capitán Juan de Llanes —como lo nombra el historiador Toribio de Ortiguera, quien lo conoció en Quito— rindió en septiembre de 1568 una información de sus servicios para que fuesen debidamente gratificados por la Corona.

Lo que pedía al rey era que en justicia se le otorgase una pensión de 4.000 pesos anuales.

Hacia 1585 aún seguía viviendo en la ciudad de Quito.

Manuel Rubín de Celis, prosista, poeta y traductor de la segunda mitad del s. XVII, autor de numerosos escritos: Égloga pastoril.

Lamentos a la muerte de María Lavanat, primera dama del teatro, Madrid 1765; Discursos políticos sobre proverbios castellanos, Madrid 1767; Carta histórico-médica sobre la inoculación de las viruelas, Madrid, 1773, etc., y traducciones del francés.

El doctor en Teología Pedro de Inguanzo y Rivero (La Herrería, Llanes 1764-Toledo, 1836), cardenal, arzobispo primado de España, diputado asturiano electo para las Cortes de Cádiz, académico de la Real de la Historia y consejero de Estado, extraordinario orador parlamentario y polemista, de vasta cultura teológica y humanística, con obras como El dominio sagrado de la Iglesia en sus bienes temporales (2 tomos, Salamanca, 1820), o la Pastoral al clero y pueblo de la Diócesis de Toledo contra las malas doctrinas y costumbres, Toledo, 1825.

El controvertido político José Posada Herrera (Llanes, 1814-1885), abogado y profesor de Economía Política en la Universidad ovetense, fundador del partido Unión Liberal y de la Academia de Ciencias Morales y Políticas; nombrado ministro de la Gobernación en dos ocasiones, «no había otros triunfos electorales sino los previamente dispuestos por él desde el Ministerio de la Gobernación, al habla y mediante acuerdo con los gobernadores y otras autoridades provinciales, por lo que se le denominaba El Gran Elector» (Constantino Suárez); después de la revolución de 1868, fue embajador en El Vaticano, presidente del Congreso y del Consejo de Ministros; publicó Lecciones de Administración, Estudios sobre Beneficencia pública, Relaciones de la Legislación con la Política, etc.

Un hombre de letras, Gumersindo Laverde Ruiz (1835-1890), catedrático y escritor, a quien el profesor José María Martínez Cachero llama «Asturiano de las dos Asturias, la de Santillana y la de Covadonga»; aunque nació en Estrada, un pequeño pueblo de Val de San Vicente, en Cantabria, se trasladó siendo muy niño a la localidad llanisca de Nueva; luego, estudió Derecho y Filosofía y Letras, fue catedrático de Retórica y explicó Literatura Latina y Española en las Universidades de Valladolid y Santiago; el autor de Ensayos críticos sobre filosofía, literatura e instrucción pública españolas (1868) demostró su asturianismo no sólo en sus poesías, sino en trabajos suyos, como el ensayo acerca de la creación de una «Academia Asturiana».

Ángel de la Moría, seudónimo de Ángel García Peláez (Barrio de La Moría, Llanes, 1858-Llanes, 1895), sacerdote y a la vez el poeta más popular y representativo del bable oriental, quien con 16 años emigra a México, donde se convierte en ministro de Dios; vuelto a su villa natal con 33 años, ejerce el sacerdocio y colabora en El Oriente de Asturias, además de crear y dirigir el periódico La ley de Dios; dio a la imprenta las obras siguientes: El Pozu del Alloral, A teya vana y Recuerdos gratos.

Pepín de Pría (La Pesa, Pría, Llanes, 1864-Nueva, Llanes, 1928), sobrenombre de José Antonio García Peláez, quien, con estudios de Magisterio, tuvo varios empleos, pero ante todo fue poeta en bable, enriqueciéndolo «con numerosas obras, singularmente con Nel y Flor y La Fonte del Cay [...] Estos dos poemas, junto con algunos otros, son unánimemente reputados por los críticos como los más representativos de la lírica de Asturias en el lenguaje vernáculo» (Elviro Martínez).

Amable González Abín (Nueva, Llanes, 1862 - — Piñera de Pría, Llanes, 1911), escritor emigrante a Cuba, en cuya guerra de la Independencia participó, de 1881 a 1887; a su regreso estudia Filosofía y Letras y se vuelca en la docencia y el periodismo; escribió en castellano y bable (Jueyines del mio güertín).

Un adelantado de la fotografía, Cándido García (1869-1925), vallisoletano de nacimiento, aunque residente en Llanes desde que tenía un año de edad.

El también fotógrafo Nicolás Muller (Orosháza, 1913 - Andrín, 3 de enero de 2000), uno de los precursores de la fotografía social, artista universal y llanisco de adopción, nacido en Orosháza —una aldea de Hungría—, cuyo padre era abogado de profesión y presidente de la comunidad judía de la localidad; en 1935-36 se doctora en Derecho y Ciencias Políticas, pero prefiere dedicarse a la fotografía y forma parte del grupo «Descubridores de aldeas»; en 1938 se expatria y se traslada a París, donde vive dos años, colabora con revistas como Regards, France Magazine y Match, y establece contacto con algunos de los grandes maestros de la fotografía; al estallar la 2ª Guerra Mundial viaja a Portugal, desplazándose posteriormente a Tánger; abandona Marruecos en 1947 cuando la Revista de Occidente le invita a celebrar una exposición en Madrid; a partir de esa fecha se afinca en España, empieza a colaborar en la citada revista y abre su propio estudio; en 1947 llegó de la mano de un amigo, el escritor y filósofo Fernando Vela, a Asturias, volviendo desde entonces a Llanes todos los años hasta que, en 1968, construye su casa en Andrín, donde vivió hasta su fallecimiento; el descubrimiento, el 30 de marzo de 2000, de una placa en su memoria junto al chalé que habitó sirvió de prólogo a la apertura, ese mismo día, y hasta el 26 de abril de ese mismo año, de la exposición antológica «Nicolás Muller. Fotografías de una vida», una amplia visión de la obra de Muller, imágenes de Hungría, Portugal, Marruecos y España captadas por el hombre que, en palabras de Ortega y Gasset, «domesticó a la luz».

Ricardo Duque de Estrada, conde de la Vega del Sella (Pamplona, 1870-Nueva, Llanes, 1941), del que interesa, sobre todo, su condición de arqueólogo y naturalista, desarrollando una intensa labor investigadora del más alto nivel, lo que permitió el descubrimiento y exploración de numerosas cuevas del concejo habitadas por gentes paleolíticas y pospaleolíticas; en este campo trabajaron con él estudiosos tan reputados como H. Obermaier, H. Breuil, P. Wernet o E. Hernández Pacheco.

El militar Manuel Díez-Alegría y Gutiérrez (Buelna, Llanes, 1905-1987), jefe del Alto Mayor del Ejército entre 1970 y 1974, embajador de España en El Cairo desde 1976 a 1978 y miembro de número de la Real Academia Española por elección celebrada en enero de 1979.

El poeta Celso Amieva (1911-Moscú, 1988), seudónimo de José María Álvarez Posada, nacido accidentalmente en la localidad cántabra de Puente Sanmiguel, donde su progenitor era maestro, profesión ejercida luego por él mismo; el desenlace de la guerra civil le obligó a pasar a Francia en el año 1939; posteriormente se fue a México, donde trabajó como profesor de castellano, traductor de poemas franceses y colaborador de numerosas publicaciones de toda América, siendo condecorado en 1959 con la Medalla Artística de la Revolución Mexicana por el guión de la película Pueblo en armas; a partir de 1969 fijó su residencia en la URSS, cuyo Soviet Supremo le premió en 1985 con la Orden de la Amistad de los Pueblos; una Antología poética suya, con selección hecha por el vate llanisco Pablo Ardisana, la editó el Principado de Asturias a través de su Servicio de Publicaciones en el año 1985.

José Purón Sotres (Andrín, Llanes, 1912-Llanes, 1987), pintor distinguido con varios premios a lo largo de su carrera, quien se trasladó a Madrid para cursar sus estudios becado por la Diputación de Asturias, para más tarde viajar con beca a Italia y, luego, a Francia; «en su pintura destacan las obras de los años cuarenta, con limpios paisajes de fluida factura y composiciones figurativas, como la Adoración de los pastores (pintada para el Hospicio de Oviedo y rechazada al no haber sido comprendido su realismo), escenas costumbristas y algún autorretrato, en los que evidencia la influencia de sus maestros Eduardo Chicharro y José Ramón Zaragoza» (Javier Barón Thaidigsmann); en 1988, la villa de Llanes, a la que había donado su fondo pictórico, le nombró, a título póstumo, Hijo Predilecto.

Emilio Pola (Llanes, 1915-1967), poeta y escritor, quien obtuvo el Premio Nacional de Poesía, convocado entonces por la revista Blanco y Negro, por su obra La palabra del bosque; notable bablista y experto en toponimia, colaborador de El Oriente de Asturias, miembro del Instituto de Estudios Asturianos (IDEA), dejó una importante obra: Apuntes sobre el bable.

Del lución, El Pericote, La sufijación en el bable oriental, El muy noble gremio de mareantes de Llanes, etc.

Javier Ruisánchez, pintor, artífice de la teoría sobre la perspectiva llamada ilustrismo.

Pablo Ardisana, poeta en bable y castellano, nacido en Hontoria (Llanes) en 1940 y licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo, quien tiene impresos varios poemarios: Única Geografía, Armonía d'anxélica sirena, Azul mirar d'amor...; es autor, también de una antología poética sobre el llanisco Celso Amieva.

Martín López Vega, poeta y escritor, Premio Asturias Joven de Poesía.

También hay que hacer referencia a algunos de los muchos potentados indianos naturales de Llanes que llevaron a cabo una importante tarea filantrópica dentro del concejo: Francisco Mendoza Cortina (1815-1880); Faustino Sobrino Díaz (1827-1900); el primer marqués de Argüelles, Ramón Argüelles Alonso (1832-1900); Manuel Romano Gavito (1833-1909) o Manuel Cue Fernández (1834-1899), fundador del Colegio de La Arquera en la villa de Llanes.

Un residente veraniego habitual, el director de cine asturiano Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934), con Aoom, Al diablo con amor, Epílogo, Parranda, Remando al viento, Mi nombre es sombra o El portero, cintas representativas de una arriesgada y controvertida trayectoria cinematográfica, es clave en el boom de Llanes como escenario predilecto de muchos realizadores de cine, televisión o publicidad.

Otro cineasta muy vinculado a Asturias, José Luis Garci (Madrid, 1944), hijo de gijonés, ganador en 1982 de un Óscar al mejor filme extranjero por Volver a empezar, rozó el mentado galardón con El abuelo (1998), basada en la obra homónima de Benito Pérez Galdós, parte de cuyas escenas ha rodado en cautivadores espacios del concejo; con You're the one (Una Historia de entonces), una historia en blanco y negro «de tristezas mudas, silencios elocuentes y vidas en un hilo» (Tino Pertierra) estrenada en octubre de 2000, ha vuelto a los escenarios naturales llaniscos, dejándose ver sus espectaculares playas —que son la imagen del cartel de la película— y Purón.

BIBLIOGRAFÍA

BARÓN THAIDIGSMANN, Javier (coautor): Gran Enciclopedia Asturiana, Gijón, 1996.

CERRA, Yolanda; COLINA, Arturo; VINIEGRA, Yolanda, y otros: Llanes y Ribadedeva, en la colección «Asturias, concejo a concejo», Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Oviedo, 1993.

GARCÍA COSÍO, Xosé Firmu: «Llanes», en Diccionario Geográfico de Asturias (Ciudades, Villas y Pueblos), Editorial Prensa Asturiana, Oviedo, 2000.

MARTÍN, Arturo: «Llanes», en Gran Enciclopedia Asturiana, tomo 16, edit. Silverio Cañada, Gijón, 1981.

MARTÍNEZ, Elviro: «Llanes», en Gran Enciclopedia Asturiana, tomo 9, edit. Silverio Cañada, Gijón, 1981.

MARTÍNEZ RIVAS, José Ramón; GARCÍA CARBAJOSA, Rogelio; ESTRADA LUIS, Secundino: Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-1599 (obra inédita).

RODRÍGUEZ MUÑOZ, Javier: «Llanes», en Gran Enciclopedia Asturiana, tomo 19, ed. GEA, Gijón, 1995.

SORDO SOTRES, Ramón: «Llanes», en Asturias a través de sus concejos, 1 tomo, Ed. Prensa Asturiana, Oviedo, 1998.

VARIOS AUTORES: Guía de Asturias, Asturias'92, Oviedo, 1992

Mapa de situación del municipio de Llanes


 

Llanes

Concejos limítrofes:

  • Cabrales
  • Cangas de Onís
  • Onís
  • Peñamellera Alta
  • Peñamellera Baja
  • Ribadedeva
  • Ribadesella

Comarca del Oriente de Asturias


 

Tan plural como el nombre de Asturias es su extremo más oriental. De paseo por la comarca, el visitante pasa de la playa a la nieve en unos minutos. Museo de la prehistoria, meta de montañeros, excursionistas y amantes del queso, territorio de frontera con León y Cantabria… Al norte, el Cantábrico; al sur, los Picos de Europa (entre uno y otros, apenas 15 kilómetros). La versión resumida del Paraíso.

Trece consejos componen la comarca más oriental de Asturias, definida por su proximidad a los Picos de Europa (máxima cota: Torrecerredo, 2648 metros): Amieva, Cabrales, Cangas de Onís, Caravia, Llanes, Onís, Parres, Peñamellera Alta, Peñamellera Baja, Piloña, Ponga, Ribadedeva y Ribadesella.

En esta comarca la escasa distancia entre montaña y mar permite disfrutar de las magnificas playas de la costa oriental y de las majestuosas cumbres de los Picos de Europa, o de las sierras del Cuera y del Sueve lo que posibilita en una misma jornada rutas muy diferentes.

Especialmente destacable es el Ecomuseo del Paraíso Rupestre que supone un recorrido turístico por la Prehistoria, con la presentación de una serie de yacimientos, cuevas y equipamientos museísticos e interpretativos con muestras de arte rupestre y emblemáticos hitos dispersos por toda la geografía del Oriente de Asturias. El territorio engloba 13 concejos del Oriente Asturiano y dispondrá de otros tantos equipamientos vinculados a la riqueza prehistórica de la zona. Actualmente están abiertos al público: El Aula de Interpretación de Peña Tú en Puertas de Vidiago (Llanes): El Centro de Descubrimiento de la Fauna Glaciar en Avín (Onís): La Puerta de los Acantilados en la Cueva del Pindal (Ribadedeva).

Qué ver

  • Real Sitio de Covadonga y Los Lagos.
  • Cuevas de Tito Bustillo y El Pindal.
  • Ribadesella.
  • Llanes.
  • Asiego y Bulnes.
  • Parque Natural de Ponga (Bosque de Peloño).

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Referencia

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