Posada, Martín de

Escrito el 21/11/2020
Religiosos Llanes (Asturias)

 

Descripción

Monje y sacerdote asturiano, nacido en Posada de Llanes. El 1 de octubre de 1580 profesó en la regla de San Jerónimo, en el monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, en Extremadura, siendo prior el padre Agustín del Castillo.

En Capítulo celebrado en 1598, el prior del monasterio, padre Gabriel de Talavera, acordó enviar a las Indias a dos religiosos jerónimos, escogiendo para ello al asturiano fray Martín de Posada, ya de avanzada edad, y al joven manchego fray Diego de Ocaña. Por Reales Cédulas del 22 y 23 de julio de 1598, Felipe II autorizaba el viaje al Nuevo Mundo de los dos monjes para «recoger y cobrar las limosnas y mandas que se hubiesen hecho y hiçieren en ellas al Monasterio de nuestra Señora de Guadalupe».

El 3 de enero de 1599, fray Martín de Posada y su compañero partieron del monasterio de Guadalupe hacia San Lúcar de Barrameda, donde, el 2 de febrero, embarcaron en la armada que el general Francisco Coloma llevaba para socorrer a Puerto Rico de los ataques de los piratas ingleses. El 24 de marzo, las 17 naves que componían la flota arribaron a San Juan de Puerto Rico, ciudad que hallaron desierta. Meses antes piratas ingleses habían atacado y saqueado la ciudad, huyendo sus vecinos a los cercanos montes. Con la llegada de los refuerzos españoles los habitantes de San Juan regresaron a sus hogares. Fray Posada, el obispo de la ciudad y demás religiosos se dedicaron en las horas siguientes a limpiar, arreglar y santificar la catedral de la ciudad, profanada por los facinerosos ingleses.

En prosecución de su viaje al Perú, Martín de Posada se trasladó a Cartagena de Indias, desde donde pasó a Portobelo (Panamá), localidad en la que estuvo a punto de morir aplastado por el derrumbe de la casa donde se cobijaba.

Para cruzar las sierras y las selvas del istmo panameño, Posada alquiló nueve mulas: cinco para llevar 300 libros de la historia de Guadalupe y las otras cuatro para transportarles a ellos y dos criados que contrataron. En la ciudad de Panamá a fray Martín de Posada le entraron unas calenturas que le postraron en cama durante tres meses. El 3 de agosto de 1599, el asturiano, aún convaleciente, y Diego de Ocaña partieron en la armada que iba hacia Lima. En el viaje por el Pacífico a fray Martín se le agravó su enfermedad; «como mi compañero era mayor de edad —dice Ocaña—, comenzósele a agravar la enfermedad por algunas demasiadas abstinencias y ayunos que hacía por la mar, y después, cuando quiso comer no pudo ni lo retenía en el estómago. Con esto se vino a enflaquecer tanto que, puesto en lo último con una calentura que nunca le dejó, entendí que le echáramos a la mar si cuatro días más tardáramos en tomar el puerto».

En vista de ello y de que también Diego de Ocaña se hallaba enfermo, decidieron desembarcar en el puerto de Paita (Perú) y continuar por tierra hasta Lima. Pero fray Martín de Posada se hallaba tan grave que el mismo día que desembarcó en Paita (11 de septiembre de 1599) recibió la extremaunción, falleciendo a las 10 de la noche de ese día en brazos de su inseparable compañero fray Diego de Ocaña. La desaparición del asturiano dejó a Ocaña en una gran tristeza y soledad: «El sentimiento que tuve de verme solo en este Nuevo Mundo no puedo escribir porque palabras y fuerzas y ánimo todo me falta en esta ocasión; y así lo dejo a la consideración de los que saben qué cosa es perder amigo y compañero y hermano y tan bueno como él que yo veía muerto en mis brazos. No me dejó cosa ninguna encomendada que hiciese por él, aunque se lo repetí muchas veces, por donde se puede colegir su buen alma y quietud de conciencia; pues no tenía cosa que le diese cuidado».

El cadáver de fray Martín de Posada fue sepultado junto al altar mayor del convento de la Merced, asistiendo al sepelio toda la gente principal de Paita.

Fuente: José Ramón Martínez, Rogelio García y Secundino Estrada, «Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-1599», Oviedo, 1992.

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