Posada Herrera, José

Escrito el 20/11/2020
Políticos Llanes (Asturias)

 

Descripción

Influyente político de la segunda mitad del siglo XIX. Constantino Suárez, «Españolito» (Escritores y artistas asturianos), nos dice que su ideología política era un tanto desconcertante: era de principios liberales, prueba de ello es su defensa del constitucionalismo y el parlamentarismo; sin embargo, hay hechos suyos que indican sentimientos profundamente conservadores. Quiso conciliar monarquía y religión, por una parte, y la democracia y la tolerancia por otra, para lo cual se valió de procedimientos «que podrían acreditarle de cazurro y marrullero». Acerca de esto opinan autores como Cristóbal de Castro, quien le llamó «Político aldeano», o Vega de Armijo. Su cualidad de orador fue descrita por Aureliano Linares Rivas. Otras características de su personalidad eran, según Protasio González Solís, la caballerosidad, la honradez y un estilo de vida sencillo.

Nació en la villa asturiana de Llanes (capital del concejo o municipio de igual nombre) el 31 de marzo de 1814. Era hijo de Pedro Blas Alejandro Posada y Castillo, coronel y gobernador de la villa cuando la guerra de la Independencia (1808).

Tras los estudios primarios, fallecido su padre, pudo estudiar Latinidad, Humanidades y Filosofía en el colegio benedictino de Celorio (Llanes) a costa de las privaciones impuestas por una precaria situación económica. Al mismo tiempo recibía lecciones de inglés, Economía Política y Derecho Público de su cuñado, el ex diputado Francisco Fernández de Córdoba. Después se trasladó a Oviedo para comenzar a estudiar Derecho en la Facultad de Jurisprudencia. Al poco tiempo se vio obligado a interrumpir sus estudios por haber clausurado Fernando VII las Universidades. Comenzó entonces a servir, en calidad de familiar, a Pedro Inguanzo y Rivero, arzobispo de Toledo, también natural de Llanes, continuando sus estudios durante dos cursos. Cuando volvieron a abrirse las Universidades, volvió a Oviedo y terminó su carrera en 1832. Ejerció la abogacía en Oviedo al tiempo que era secretario de la Sociedad Económica de Amigos del País y catedrático de Matemáticas en la Facultad de Filosofía.

En 1839 fue elegido diputado a Cortes suplente por Asturias, por lo que se trasladó a Madrid. Al año siguiente alcanzó el acta de diputado a Cortes en propiedad y desde entonces quedó su vida consagrada a la política, en el Congreso y en el Gobierno. En 1841 pronunció un discurso a favor de una Regencia durante la minoría de edad de Isabel II, que le dio cierta fama. En 1843, otro discurso, esta vez contra el destituido presidente del Gobierno, Salustiano Olózaga, le consagró como gran parlamentario y le hizo separarse definitivamente del Partido Progresista e incorporarse al Partido Moderado, siendo secretario del Congreso de los Diputados (1843-44) bajo la presidencia del también asturiano Pedro José Pidal y Carniado. A partir de 1846 comenzaron las elecciones de diputados a Cortes por pequeños distritos, por lo que Posada Herrera dejó de tener representación parlamentaria por Asturias, quedándose sin acta ese mismo año. Se la dio el distrito de Astorga (León) en las elecciones siguientes (1850), reeligiéndolo dos veces seguidas. Posteriormente, salvo dos períodos en que no tuvo representación parlamentaria (1866-68 y 1871-76), representó sucesivamente a los distritos de Torrelavega (Cantabria) y Lorca (Murcia). Tuvieron que pasar 30 años antes de que pudiera volver a defender intereses asturianos en el Congreso. Fue diputado por Llanes hasta que pasó al Senado por derecho propio, ya al final de su vida.

En Madrid fue catedrático de Economía Política en el Instituto de Segunda Enseñanza de San Isidro, a la vez que secretario del Consejo de Estado, por nombramiento de 1846. En este período al margen de la política, pudo dedicarse de lleno a sus estudios de Economía y Derecho, casado ya con María Dolores Posada.

Volvió a la política activa como diputado por Astorga en 1850. Durante la breve legislatura de noviembre a diciembre de 1853 fue vicepresidente del Congreso. En 1856 cooperó estrechamente con el general O´Donell en la fundación del partido Unión Liberal y fue director general de Instrucción Pública. Dos años después sería elevado a fiscal del Consejo de Estado. El 14 de mayo de ese mismo año, Istúriz, el presidente del nuevo Gobierno, le confió el Ministerio de la Gobernación. Este Gobierno duró poco tiempo; precisamente fue derrotado en el Congreso por causa de unos proyectos presentados por Posada Herrera. Tras el corto gobierno de Istúriz, ya con O´Donell, para sorpresa de todos, Posada Herrera siguió siendo ministro de la Gobernación, por lo que se creyó que el mismo Posada Herrera había provocado la crisis expresamente para dar paso al poder a la Unión Liberal de O´Donell. Estuvo cinco años al frente de este ministerio, hasta el 18 de enero de 1863. En este quinquenio Posada Herrera fue el más significado responsable de la corrupción electoral existente, hasta el punto de que, como dejó escrito Constantino Suárez, «No había otros triunfos electorales sino los previamente dispuestos por él desde el Ministerio de la Gobernación, al habla y mediante acuerdo con los gobernadores civiles y otras autoridades provinciales, por lo que se le denominaba «El Gran Elector»».

En 1863, el Gobierno de O´Donell dejó paso al Partido Moderado. Posada Herrera pasó a ser el jefe de la minoría parlamentaria de la Unión Liberal. Vuelto O´Donell al poder el 21 de julio de 1865, Posada Herrera volvió a desempeñar el cargo de ministro de la Gobernación. En esta ocasión le tocaron tiempos difíciles: el 3 de enero de 1866 estalló la rebelión capitaneada por el general Prim, y el 22 de junio hubo otro movimiento subversivo en Madrid, que dio lugar a numerosos fusilamientos. Poco después de estos sucesos, el 10 de julio, O´Donell dejaba la presidencia del Consejo de Ministros y Posada Herrera era destituido de su cartera ministerial.

Entonces se retiró a su casa de Llanes y decidió no volver a la política. No se movió de su retiro ni siquiera tras el fallecimiento de su jefe político O´Donell, en 1867, lo que equivalía a renunciar a la jefatura del partido.

Después de la revolución de 1868 decidió volver a la política activa a instancias del ministro de Estado del Gobierno provisional, el también llanisco Juan Álvarez Lorenzana, del que acepta la designación de embajador de España en el Vaticano, lo cual calificó de «inmenso sacrificio a la amistad», puesto que eran muchas las dificultades implicadas en esta labor de restaurar la armonía de relaciones entre la Iglesia y el Estado. Sin embargo, prueba de sus grandes recursos, consiguió que fuera aceptada por la Santa Sede la situación política de España.

En mayo de 1869 renunció al cargo de embajador para ocupar en el Congreso su puesto de diputado por Lorca (Murcia). Eran Cortes Constituyentes y en ellas fue de los comisionados para redactar el proyecto de Constitución que fue aprobada entonces. Fue decidido partidario de la monarquía hereditaria, a la que pretendía asociar principios democráticos.

Disueltas esas Cortes, volvió a su retiro llanisco. El reinado de Amadeo I y la República se desenvuelven en medio de enormes dificultades y conflictos que parecen no afectarle. Tiene que venir la restauración de Alfonso XII para que se decida a incorporarse de nuevo a la vida pública.

A lo largo de todo este período tratado, Posada Herrera había adquirido gran prestigio en círculos científicos y literarios. Al constituirse la Academia de Ciencias Morales y Políticas el 26 de noviembre de 1857, fue designado entre los académicos fundadores. La Academia de Legislación y Jurisprudencia lo hizo presidente en 1864. Fue correspondiente de la Real Academia Española y presidente del Ateneo Científico, Literario y Artístico.

Siendo proclamado rey de España Alfonso XII en 1874, Posada Herrera fue de los primeros políticos que lo acataron. Decidió abandonar su retiro y presentarse en el Congreso como diputado a Cortes Constituyentes por el distrito de Llanes. En estas Cortes fue presidente del Congreso. Dejó este cargo para volver a retirarse, molesto por haber fracasado en sus gestiones para formar Gobierno. Por entonces estaba afiliado al Partido Liberal que presidía Sagasta. Se le designó para presidente del Consejo de Estado. Volvió a presidir el Congreso de los Diputados durante las tres primeras legislaturas del período parlamentario de 1881-83. Dejó esa presidencia para ocupar la del Consejo de Ministros en un Gobierno que sólo duró del 13 de octubre de 1883 al 18 de enero de 1884, tiempo insuficiente para poder desarrollar su plan de reformas administrativas y sociales. Poco después, el 28 de mayo de 1884 era proclamado senador por derecho propio. Al año siguiente el rey le concedió la condecoración de más alto rango en la España monárquica: el Collar del Toisón de Oro. Ese mismo año, los asturianos residentes en Madrid le hicieron presidente del Centro de Asturianos, fundado entonces.

El 7 de setiembre de ese mismo año (1885) falleció en Llanes. Su villa natal erigió una estatua por suscripción pública. Este monumento fue iniciado en setiembre de 1893 y se descubrió en abril de 1894. Lo esculpió el asturiano Cipriano Folgueras. El Ayuntamiento de Oviedo, algunos años antes (1887), había puesto su nombre a una de las calles de la ciudad.

Posada Herrera es autor de las siguientes obras: Lecciones de Administración (Madrid, 1843), Estudios sobre Beneficencia pública (Madrid, 1845), Relaciones de la Legislación con la Política (Madrid, 1864) y el prólogo a la Colección Bibliográfica de lo Contencioso-Administrativo, de José Gallostra Fau (Madrid, 1881).

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